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| Foto: totalwine.com |
Desde hace tres años la industria argentina instaló el
17 de abril como el día internacional del Malbec, la cepa que han escogido como
el emblema de su producción. Aprovechando la fecha, es bueno reconocer que a
este lado de la cordillera tenemos también buenos representantes de esta
deliciosa variedad.
Como la mayoría de
los vinos que se toman en el cono sur, el Malbec tiene su origen en el suroeste
de Francia, muchos señalan su origen en la famosa región de Burdeos, aunque también
se le encuentra en la región francesa de Turena donde es conocido como Cot
–nombre que también utilizan algunas bodegas del nuevo mundo- y, más
recientemente se señala Cahors, en donde se le conoce como Auxerrois, como su
tierra nativa.
A América Latina
llega en 1853 cuando es introducido en Mendoza por Michel Pouget. En la segunda
parte del siglo XIX la plaga de la
Filoxera invade Europa arrasando con un enorme porcentaje de
las vides europeas que debieron ser arrancadas y replantadas sobre pie de vides
americanos para evitar la continuación de la enfermedad. En ese proceso se
perdieron varias cepas, por lo que llego un momento en que, por ejemplo,
Carmenere sólo existía en Chile (aunque no lo supimos hasta la década de los
noventa) y Malbec sólo había en Argentina, de allí que a partir de los años
ochenta ésta se convierta en la cepa emblema de nuestros vecinos.


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