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| veramonte.cl |
Hace pocos días me tocó escuchar el enólogo Rodrigo Soto, de Viña
Veramonte compartir los principios de la viticultura biodinámica y su propia
filosofía al respecto. Superando todo el
prejuicio místico que rodea esta forma de agricultura, su propuesta se acercaba
al básico sentido común: Para que la tierra de buenos frutos, hay que
escucharla y dejarla hacer.
Con dos ideas fundamentales
partió Rodrigo Soto -profesional destacado por su trabajo previo en Matetic y en la Bodega Benziger en California- su exposición en la cata de Viña Veramonte en Tienda Wain:
“La tierra está viva” y “No hay terroir sin hombre”. Estas dos frases resumen
muy bien el espíritu detrás de la propuesta biodinámica que está ganando cada
vez más terreno en la agricultura en general y en la viticultura en particular...
Soto es enfático en señalar que como
resultado de los diferentes compuestos químicos que se utilizan tanto en las
viñas como en los procesos de vinificación hoy la mayoría de los vinos en el
mundo poseen sabores estandarizados, ya que esta intervención hace que se
pierdan las particularidades propias del lugar y del clima del que provienen
los vinos. Si entendemos terroir como la suma los factores: suelo, clima y
trabajo del hombre, cada vino debería dar cuenta de su origen y distinguirse de
aquellos que tienen una procedencia distinta. La propuesta de la biodinámica es
potenciar estos factores para hacer vinos únicos y con identidad.
Mucho se ha hablado de los
compuestos biodinámicos, y hay quienes sospechan que hay cierto misticismo
extremado en estos, pero si uno se detiene un poco podría entender que poner
ciertos elementos naturales en la tierra, en recipientes orgánicos bajo ciertas
condiciones meteorológicas y lunares, si tiene un efecto en promover la
actividad microbiológica del suelo y de las plantas. Pura química. Básicamente lo que los biodinámicos proponen
es potenciar la naturaleza a partir de lo que ella misma lleva haciendo por
miles de años, utilizando sus mismas herramientas: enriquecer la tierra para
que la planta tome de ella lo que necesita. Es bonita esa lógica, ya que confía
en la sabiduría de la naturaleza, más que en la imposición de bactericidas y
vitamínicos estandarizados.
En esta manera de hacer vinos se
pone mucho énfasis en lo que pasa en el viñedo y en el trabajo del agricultor
que debe estar conectado con la tierra. Permitiendo la diversidad de cultivos,
la autorregulación del ecosistema, trabajando según los ciclos de la naturaleza
e interviniendo a partir de la observación y el respeto por la naturaleza.
Según Rodrigo Soto, en esta dinámica el trabajo del enólogo es interpretar las
uvas, dejar que el vino luzca las características que le son propias.
Viña Veramonte está desarrollando
un camino en esa línea. Si esta bodega se ha caracterizado hasta ahora por
hacer vinos de muy buena calidad – su Ritual Pinot Noir fue recientemente
destacado como representante de esa cepa en Chile por la reconocida revista
Wine Enthusiast -me entusiasma pensar que lograrán con esta nueva mirada
aportada por Rodrigo Soto. De manera más amplia, me entusiasma pensar que no son
los únicos que están siguiendo este camino , y que pronto podremos probar lo
que los diversos terroirs chilenos tienen para mostrar y compartir.


Gracias Antonella por tus palabras, que resumen de buena manera las palabras de Rodrigo. Es un desafío muy interesante, largo y no sin obstaculos, pero que sin duda conduce por el camino correcto y de respeto al medio ambiente.
ResponderEliminarQuerida Antonella se agradece nombrar a los pocos enólogos que creen y aman el trabajo en armonía con los ciclos de la naturaleza y el cosmos.
EliminarAunque hay muchos detractores que consideran que es algo casi romantico y costoso en su producción, pero para los que respetamos beber un vino limpio de químicos, se agradece que en chile cada vez aumenten las bodegas que esten trabajando de manera orgánica y biodinámica .
Tere Barrientos